Meritocracia en primera persona.
Tengo tres borradores sobre este tema, los tres me parecen buenos y necesarios para entender el problema, inclusive tengo un análisis del comercial de Chevrolet, imagen por imagen y palabra por palabra.
Sin embargo, al revisarlos me encuentro con una sensación de estar manipulando algo que no sé bien que es, pero que se parece al asco, la bronca.
Tengo la impresión de que la procesión va por dentro.
Formalmente creo que el comercial de Chevrolet es una síntesis de un minuto de duración que pone en evidencia los verdaderos valores del macrismo y sobre todo que somete con esos valores a los ciudadanos y ciudadanas que quieren tener una vida mejor y no saben bien como se hace para conseguirlo.
General Motors, Chevrolet, Ford, Fait, Lever y P&G, por ejemplo, son los principales responsables de generar una ilusión con el capitalismo que siempre termina en frustración.
La meritocracia es una ideología basura que te pone una zanahoria delante de los ojos, atada a tu frente y vos no lo sabés.
Pero descubrí por qué no podía darle forma a esta nota.
Porque pasé, al menos, treinta años o más, creyendo que siendo un meritocrata iba a ser más feliz, más realizado, y arribaría a una meta de un goce que siempre estaba a un manotón de distancia.
La meritocracia es un sistema de explotación.
Quino lo expresa en cientos de dibujos.
Siempre la meritocracia consiste en satisfacer las demandas y los deseos perversos de un jefe que seguramente a su vez es un meritocrata de otros jefes y así sucesivamente.
Un día de hace tiempo un gerente de una compañía norteamericana, a cargo de la sucursal de Argentina y otros países del Coño Sur, lloró delante mío, porque no iba a cumplir con las metas de rentabilidad que le habían asignado.
Yo lo consolé. El ganaba muchos dólares. Yo también, aunque muchos menos, pero era una buena cantidad.
La meritocracia no hace que uno sea mejor, hace que uno sea un tipo denigrado, decadente, poca cosa.
Un meritocrata con tal de tener la aprobación de su superior vende a sus compañeros, a sus amigos, a su familia.
Por eso, encontré cual es el antídoto de la meritocracia:
La Libertad.
Pero no crean que es fácil. Es más caro que un trasplante hecho en EEUU.
Pero sepan que si uno consigue un "chacho" de libertad, está crece con el tiempo. Nunca es tarde para darse cuenta.
Por eso a todos los que servilmente "serví" con mi meritocracia, y que están vivos, les digo con todo respeto: VAYANSE A LA MIERDA, PELOTUDOS. Lean esta nota y aunque sea poco, gocen de la libertad, aprendan a ser solidarios, no caguen más a nadie y sobre todo...vomiten la podredumbre que se tragaron tanto años.
Feliz Libertad,

Comentarios
Publicar un comentario