La culpa es de Cristina.
(De la serie Comunicación Política. Marcelo Cosin)
Las mesas chicas de las empresas importantes y de algunas medianas se caracterizan por hacer valer la condición de secretas, herméticas y sobre todo por poner sobre la mesa todas las cartas cara arriba, con el objetivo de tomar decisiones que muchas veces requieren de medidas que significan voltear funcionarios, develar verdades tapadas y sobre todo asumir responsabilidades que se convierten en decisiones en las que no pueden tener otro destino que “salvar la empresa” o más concretamente, “salvarse a sí mismos”.
Esas características de la vida de mercado en el caso del
gobierno argentino se trasladan a las mesas chicas de los gobiernos nacionales
y algunos provinciales.
En mesas chicas o un poco agrandadas, por ejemplo, Laura
Alonso le preguntó a Mauricio Macri que es lo que hace su padre Franco en China
y el presidente argentino respondió contundente: “PELOTUDECES”.
También hay mesas chicas en los clubes de fútbol, en el
Jockey Club, en la UCR de derecha y, por supuesto, en el gobierno nacional.
En esas mesas chicas sobresalen los que aparentan ser los
más inteligentes, sagaces y habilidosos.
Pocas veces el que reúne las tres condiciones es el que
manda.
En el caso de Mauricio, por supuesto. Los inteligentes son
Marcos Peña, Durán Barba, Mario Quintana y Lopetegui. Fuera de la mesa, el más
inteligente es Nicky Caputo o al menos el más práctico. Otros no lo son pero
tienen mando de campo como los radicales Sanz, Aguad y Morales.
De estas mesas chicas salieron eyectados Isela Constantini,
Melconián, Prat Gay y en estos días el garca Carlos Regazzoni.
En estas mesas chicas se resuelven temas domésticos y
también grandes líneas estratégicas.
Desde un comienzo del gobierno macrista esa estrategia
general aprobada consistía en usar como colchón de los negocios (los mal
llamados errores) a la “HERENCIA RECIBIDA”.
Echarle la culpa a Cristina y a su gobierno, hacer hincapié en
la corrupción, judicializar la política, usar por todos los medios la idea de
la culpa es de Cristina debía ir acompañada siempre de Chorros, Se la llevaron
toda, Se la llevaron con Pala, Vayan todos presos, etc..
El gobierno de Macri durante un año usaron la supervivencia
que dá ser nuevos, blancos, rubios y lindos.
Durante un año, acompañados por una estrategia que ya venía
desde el 2011, y que Magnetto contrató a Lanata como jefe del operativo,
consistió en usar todo el poder mediático en ensuciar la política con LA CULPA
ES DE CRISTINA.
Yegua, vieja loca, chorra, loca y todas las tapas de la
revista Noticias mostrándola como una psicótica ardiente de deseo sexual,
profundizaron en la pre-estrategia neoliberal.
Pero, siempre en las historias dramáticas aparece un hilo de
salvación del cual agarrarse.
En nuestro caso, se trató del “errorismo”, las metidas de
pata, las presiones internacionales, la corrupción a la vista de todos.
Panamá Papers fue demasiado pronto. Pero el Correo llegó a
tiempo. Avianca desplomó el relato de la culpa de todo la tiene Cristina.
El manotazo de ahogado fue la nota del mal hablado de
Bonelli.
“Vos escribí esto”, fue el mensaje de sus jefes.
La idea de usar a Felipe González es muy clara. Por más que
González acuse a Clarín lo dicho dicho queda. Es mucho más la noticia inicial
que el desmentido.
Por eso, La culpa es de Cristina, puede encontrar una traba
y convertirse en un puente hacia ganar las elecciones de medio tiempo.
La culpa es de Cristina. Cristina puede convertirse en la
heroína que creo el Macrismo.

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