La Peste (Como nos convirtieron en menos de dos años en el colectivo demoníaco que infecta el paraíso)
Una táctica conocida de los arrebatadores de billeteras y relojes en los centros urbanos más poblados consiste en que un grupo de cuatro o cinco profesionales del robo se abalanzan contra un peatón a grito de “Este es el ladrón, este es el ladrón”. Mientras tres lo sujetan como si atraparan a un delincuente, otros dos le arrebatan billetera y reloj. Todo dura menos de un minuto y la gente que pasa supone que el delincuente es el inocente transeúnte.
Algo así es lo que sucede con el gobierno de Macri y sus opositores.
Desde 1955 la derecha argentina apoyada por los intereses del capitalismo no ceja en intentar aniquilar al movimiento nacional y popular que en los últimos 70 años representa, con sus diversas formas, el peronismo.
Primero lo intentó de la manera más burda a través de la proscripción e inclusive prohibiendo las palabras y las imágenes que el peronismo había construido después de casi 10 años de revolución social, con matices, pero consiguiendo especialmente reivindicar los derechos de los más humildes y de los trabajadores. Esta fue la fórmula de la Revolución Libertadora también llamada la revolución Fusiladora. Si bien los militares encabezaron la tácticam fueron los civiles quienes ejecutaron los planes de la comunicación.
Fracasado el intento “abolicionista” del peronismo, con el fracaso de Arturo Frondizi de generar una reconciliación social, el general Lanusse aplicó una fórmula que sesgaba la prohibición del peronismo (no a la candidatura de Juan Perón) pero sí a la posibilidad de un peronista representante (Héctor Cámpora), que dió como resultado la tercera presidencia de Perón y tras su muerte la otra posibilidad de enterrar al peronismo a través de la más sangrienta y cruel dictadura cívico militar que encabezó el dictador Videla y fue sustentado por las principales figuras civiles de la empresa, el campo y la industria.
En el período 1966-1973, un partido insignificante, fiel representante del naciente neo-liberalismo, a través de una poderosa maquinaria económica-comunicacional, la Nueva Fuerza, introdujo con sus mensajes reiterados, basados en los principios del marketing político estado-unidense, los primeros y estudiados valores y creencias de ese modelo de vida.
Alvaro Alsogaray era el representante del poder económico de Bunge&Born y los tres millones de dólares de esa época (1972-73) fueron invertidos no para ganar una elección que ya estaba definida para la fórmula Cámpora-Solano Lima, sino para introducir un concepto de vida, una felicidad de cartón, que significaba terminar con la pequeña y mediana industria, promover la exportación de bienes primarios y generar una dependencia económica con los EEUU a través de los negocios financieros, es decir, a través de la deuda con los bancos más importantes del mundo.
Los intentos de aniquilar el movimiento nacional y popular llevan más de 70 años. Se han intentado decenas de estrategias, siempre con resultados negativos y con el uso de la fuerza y el sometimiento.
El alfonsinismo pudo sostener los principios de una democracia duradera y soportó todos los embates del mundo hostil de los Bancos, los grandes pools del campo, la importación de productos terminados y especialmente de una explosiva cultura del consumo que si bien sólo era alcanzada por una minoría generaba un enorme deseo aspiracional de las clases más populares.
El menemismo fue el representante del neoliberalismo más rotundo disfrazado de peronismo. Corrupción, carisma e historia hicieron posible que Carlos Menem dejara al país en las peores condiciones económicas y sociales.
De la Rúa, radical conservador, no hizo otra cosa que continuar con la política neoliberal del menemismo, pero a condición de terminar con una renuncia que fue lo más parecido a un golpe de estado blando, o civil, o económico.
Los 12 años de Néstor y Cristina Kirchner, fueron un soplo de aliento. No fueron perfectos ni mucho menos. Pero fueron los mejores de las últimas cinco décadas. Sobre todo, fueron gobiernos en los que se aminoró la diferencia social. Fueron gobiernos en los que se tomó en cuenta la solidaridad, los derechos humanos, la importancia del otro.
Sin dudas hubo deterioros que fueron amplificados y usados por los sectores más conservadores. Además, el hecho de haber arribado por primera vez al poder a través de elecciones limpias, delimita sus errores.
Pero, y esta es la cuestión, la estrategia de este gobierno que accede al poder en forma democrática y va deformando su performance con señales de autoritarismo no cumple con la reglas del juego.
El gobierno de Macri, a menos de dos años en el poder, tiene como meta, como en otras ocasiones desde hace 60 años, destruir al movimiento nacional, popular y democrático. Y decidió hacerlo demonizando y estigmatizando. El macrismo quiere convertirnos en la PESTE. Su táctica consiste en convertir a cada peronista en un ser despreciable, maligno, corrupto. ¿Y lo puede hacer?. Al menos lo va a intentar. Tiene todos los medios. Todo el dinero. Posiblemente, ahora, desplace a los únicos medios de comunicación opositores: C5N y el Grupo 12 de Octubre, Pag 12 y AM750.
Quedan aún, las elecciones del 22 de octubre. Es difícil ganar con un enemigo que controla todo. Posiblemente, no nos quede otra opción que el debacle total. Sería el peor de los triunfos, con un pueblo sometido, endeudado y empobrecido.
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