Por Marcelo Cosin
La generación de los sesenta (los que teníamos entre 20 y
30 años en esa década) somos algunos y “fuimos” otros testigos y partícipes de
una historia que conjuga la post guerra mundial, el resabio del nazi-fascismo,
el avance del imperialismo norteamericano y la potencia del comunismo
soviético. Nos tocó relojear la década del peronismo con Perón y Evita, el
apogeo y la caída con la irrupción de la Revolución Libertadora o Fusiladora,
el primer gobierno neo radical con la presidencia de Arturo Frondizi y la
oposición del radicalismo balbinista y unionista, el rápido regreso del Partido
Militar que coloca un presidente títere llamado Guido y a quién se lo mostraba
con humor como un adicto al vino tinto.
Ya se hablaba, en esos tiempos, 1955, de la recuperación de
la democracia, con la turbia falsedad de un Perón Dictador o como se decía también,
un tirano. Un Perón que había ganado lícitamente dos elecciones presidenciales,
que era aclamado por el pueblo y que había, sobre todo en su primera
presidencia, puesto en valor los derechos sociales y laborales que incluían
nada menos que las 8 horas de trabajo, el aguinaldo y las vacaciones pagas.
Frondizi fue electo un 23 de febrero de 1958 con la orden
de Perón de votarlo a él y a su vicepresidente, Alejandro Gómez, que terminó
renunciando, acusado de golpista y zamarreado por el que era gobernador de Córdoba,
Arturo Zanichelli.
Democracia y Militares.
El primer presidente elegido por la voluntad popular (sin
el voto femenino) fue Hipólito Yrigoyen, en 1918. Ese período en democracia
solo duró doce años. El 6 de septiembre de 1930 se terminó la democracia,
advino un gobierno militar producto de un golpe de estado que colocó como presidente
al dictador José Uriburu y fue avalado por la Suprema Corte de Justicia cuyo
procurador general era un abogado cuyo nombre y apellido no es desconocido:
Horacio Rodríguez Larreta.
A partir del golpe militar de 1930, con acompañamiento
civil, político y judicial y clerical, la idea de democracia tomó diversos
significados.
La democracia dejó de ser una definición: “gobierno del
pueblo”. También dejó de ser un acto: votar y elegir libremente.
La concepción más moderna de la democracia está
representada por 1) la división de poderes 2) la libertad de expresión 3) la
absoluta adscripción a la Constitución Nacional
Desde 1918 en que asume Yrigoyen hasta este 2023 que
gobierna una coalición que llegó al poder con el fin básico de quebrar un
sistema neoliberal, conservador, mafioso que fugo y robo millones de dólares,
ha quebrado el siglo de duración. 00
Los golpes de 1930, 1943, 1955, 1962, 1966, 1976 marcan el balbuceo
de una democracia infantil, retórica y vulnerable. Por eso el período actual de
cuarenta años, desde 1983, tiene como base de algo llamado democracia, la
ausencia de gobiernos militares. Es mucho, pero también es poco.
¿Hoy vivimos bajo el modelo de la democracia?
No.
No hay división de poderes. El salto cuanti-cualitativo de
la Suprema Corte de Justicia sobre el poder Legislativo y el Ejecutivo es
notorio y evidente. No voy a dar cuenta del listado que demuestra esta
afirmación. No es necesario. Está en las redes y en cientos de notas radiales,
televisivas y escritas.
No hay libertad de prensa. Parece raro escribirlo, pero es
así. Solo poder visualizar el mapa de medios del grupo Clarín lo pone de
manifiesto. La concentración mediática es tan evidente que no hace falta
mostrarla. Y no solo es concentración de medios sino que se amplía con el
dominio de ese Grupo sobre los otros grupos de concentración: bancos, el agro,
la ganadería, los alimentos, el acero y los dominios de navegación.
La Constitución Nacional de 1853, más la reforma de 1994 es
conservadora, antinacional y fácilmente vulnerable.
Con estas condiciones no vivimos en democracia.
Vivimos como dice el diputado Leopoldo Moreau, en una
democracia “suspendida”.
1 La Corte Suprema es un Poder Opositor que en cada acto
dicta fallos, sentencias o acordadas simplemente para obstaculizar al poder
ejecutivo. Además interviene en el poder legislativo.
2 Los principales grupos de comunicación solo publican las
noticias que convienen a la oposición y desconocen aquellas que la
perjudican.
3 Las redes sociales están copadas por trolls rentados que
continuamente se dedican exclusivamente a denostar a los sectores nacionales y
populares.
(Continuará)
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