.Marcelo Cosin - Diario Digital
No hay nada nuevo.
Para algunos resulta indignante. Para otros risueño. Para la mayoría, indiferente.
Simultáneamente, en la actualidad de las noticias, la prioridad la encabeza la separación de Pampita y el ex marido de Pampita, la exposición de la ex vedette Yuyito González acerca de su actividad física en el nuevo gimnasio instalado en la Quinta de Olivos y, también, este discurso plagiado de Milei y expuesto, nada más y nada menos - reitero - que en las Naciones Unidas.
En algún momento de la vida la mayoría de los terrestres nos preguntamos por qué alguien querrá ser presidente de un país que es problemático (como todos) y que seguramente le acarreará disgustos, problemas, amenazas, insultos y - sobre todo - problemas. Problemas muy serios. Problemas que seguramente afectarán su vida cotidiana, familiar y social.
Sobre el tema filosófico, psicológico y sociológico que se plantea en este tema de la degradación de la política, lo descarto de esta crónica. Es muy complicado para explicarlo en la extensión de mil palabras que siempre me propongo en mis notas.
Hay un eje - y sólo uno - en el que me aboco a tratar este tema: que la cultura aportada por la política de los últimos sesenta años consiste en degradarla.
Adhiero a una teoría que sostiene la intención de los defensores de una sociedad mercantil, basada en el consumo extremo como base de la felicidad humana es "despolitizar" la política, procurarle a la gente una zanahoria inalcanzable de comprar sobre todo lo accesorio y fomentar la idea de producir cada vez más, competir cada vez más, acumular cada vez más para poder gastar cada vez más.
Al mismo tiempo, se producen en la sociedad moderna, principios y valores que son norte para muchos humanos y humanas, sobre todo, del mundo occidental. Esos principios y valores son en principio aspiraciones de cambio social ascendente, sobre todo que ese cambio se materialice en la propiedad privada.
Cambiar por una casa mejor, un auto mejor, unas vacaciones más caras, poseer marcas que manifiesten prestigio ( Rolex, Ferrari, Louis Vuitton, Christian Dior)
Pregustarse por ejemplo para qué le sirve a Elion Musk tener mil millones de dólares si no los puede gastar o por qué Messi es más feliz si es unos de los 10 millonarios más ricos de la Argentina o que va a ser Galperín acumulando millones sin querer pagar impuestos en la Argentina que podrían ser mejor distribuidos entre los que menos tienen.
Para poner fin a los ejemplos: ¿qué placer tiene Milei en su egolatría y narcisismo?
Entiendo que todas las muestras previas expuestas en esta nota sirven para explicar la decadencia de la política.
San Martín, Belgrano, Güemes, Rocca, Perón, Frondizi, Alfonsín, parecen ser mejores políticos que Kirchner, Macri, Fernández y, por último, Milei.
Sí, coloco a Néstor y Cristina Kirchner, sabiendo que muchos de los que lean esta nota se enojarán. Dirán que él y ella no tienen nada que ver con los anteriores. Sin embargo, entiendo que para la mitad de los argentinos y argentinas los dos ex presidentes son casi como San Martín y Belgrano. Pero la otra mitad, piensa lo contrario. Posiblemente así sea por la degradación de la política.
Entiendo, y esa es mi posición, que el capitalismo, el neoliberalismo, así como en su momento fue el feudalismo, ganaron la batalla cultural. Consiguieron que "el mundo" pensara que "consumir, comprar, competir y ascender" es la felicidad.
Para terminar, esa es mi conclusión: la política se degradó, Milei es presidente, Karina Milei puede ser candidata a presidente, Santiago Caputo es poderoso, Eurnekian tiene el 35% del poder del estado, entre otras cosas, porque la cultura del consumo y el endiosamiento de la competencia y el mercado ganaron la batalla cultural.
Próximamente la Inteligencia Artificial, nos ayudará a degradar aún más la vida política. Pero, aún resta algo peor: el cambio climático podrá anticiparse a que algún loco poderoso se le ocurra apretar el botón de la guerra nuclear y hacer que el agua llegue hasta el piso 12 en el que vivo, gracias a esta cultura que expongo.
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