De la serie La Comunicación Política.
El cambio.
(Un intento para entender por qué ganó Macri y por qué lo
estamos soportando)
Marcelo Cosin
Parece que es tarde para intentar, una vez más, encontrar
una razón, un motivo, una explicación a esta masoquista decisión electoral y
política por la cual un inexperto, un poco preparado (o nada), un heredero, un
dirigente exitoso en dirigir un club de fútbol, un procesado por evasión y
escuchas ilegales, sea el presidente de un país joven, vapuleado por dictaduras,
esforzado en salir adelante.
No es tarde.
La idea de esta nota surge del enojo que me produce
echarle la culpa de todo a los que votaron a Macri.
Aclaro: mi primera reacción y muchas veces después de esa
primera reacción, es la de culpar a los que no se dieron cuenta que votaban
algo más que una dudosa idea de cambio. Votaban un retroceso a tres cosas
fundamentales:
1. La
libertad
2. Derechos
sociales alcanzados
3. Una
tendencia a la solidaridad
Por supuesto que una mirada panorámica indica que lo peor
que está haciendo el gobierno es el de cambiar (ese es el cambio) la
distribución de la riqueza traspasando recursos de la clase trabajadora a las
clases más ricas.
Pero no sólo este gobierno nos está despojando de lo
básico que es alimentarnos, cobijarnos, educarnos y progresar. Este gobierno
nos está despojando de intentar más igualdad, más justicia, más libertad.
Pero bien. Entonces ¿por qué ganó Macri? Y lo que es
peor: ¿por qué, aún una enorme cantidad de ciudadanos y ciudadanas confía en
que este gobierno es bueno y tendrá éxito más adelante?
El
cambio.
Hay pocas cosas tan temidas como el cambio.
Lo nuevo trae aparejado un sentimiento de inseguridad. Lo
nuevo es abandonar lo conocido, lo seguro, lo estable.
Cambiar es saber que lo conocido, a veces doloroso, es lo
que nos da la certeza de la seguridad.
Crecer es aceptar el cambio. Cada paso que damos para
separarnos de la madre que asegura el bienestar, la seguridad, nos produce
angustia. Es decir, que cambiar es difícil porque es angustioso. Y sentir
angustia produce una sensación inacabada de displacer.
¿Entonces, por qué la promesa de cambio en varias
circunstancias, y especialmente en las promesas electorales es tan exitosa?
En las democracias occidentales “EL CAMBIO” es y ha sido
(y posiblemente lo será) la llave del éxito electoral.
Nunca la promesa de cambio va sola. Siempre está
acompañada de ingredientes que la condimentan y si son emocionales, más aún, se
convierten en victorias políticas.
¿Es una paradoja? ¿Es una contradicción?
“Hago terapia porque quiero cambiar”. “Voy a separarme
porque quiero cambiar”. “Quiero cambiar de carrera, de vida, de sexo…”
El macrismo fue tan absoluto con la idea del cambio que
fue la denominación misma del Frente que aglutinaba a los que apoyaban a Macri
para convertirse en presidente: CAMBIEMOS.
Cambiemos es una propuesta que sólo puede ser instituida
por la oposición. Por el que “no está”. No hay cambio político más trascendente
que la revolución. Y la revolución es el cambio del sistema. Cambiar es cambiar
a la monarquía por la república.
Es tan difícil cambiar que la propuesta de hacerlo
dejando la acción en manos de otros se vuelve un alivio. “Que el otro produzca
el cambio que yo no puedo conseguir”.
En un siglo de competencia entre Coca Cola y Pepsi Cola, la primera siempre
propuso la continuidad, el “ser feliz con lo que tenés” y la otra, Pepsi,
siempre propuso el cambio. ¿Por qué Coca Cola en un siglo sigue siendo en el
mundo la que ostenta el trono y Pepsi el opositor que nunca consiguió derrotar
al establishment?
Cientos de campañas políticas apelaron al cambio desde
1950 en adelante. “Somos el cambio”, “El cambio Seguro”, “Para Cambiar lo que
tenemos”, “Dígale sí al cambio”, “Para que el país cambie”.
No sólo en Latinoamérica. En Europa y en EEUU, la
apelación al cambio parece ser la menos original pero la más usada por los
publicitarios y expertos en campañas políticas.
Y no sólo en política.
El cambio lo prometen los productos comerciales, los
servicios, los bancos, las bebidas alcohólicas, los profilácticos y también
algunas iglesias evangelistas.
En los 60 fue famosa la campaña de Cinzano con Olmedo en
la que se proclamaba que Cinzano era el Cambio. Eso porque ya Gancia se había
convertido en lo que antes había sido Cinzano.
Cuando Ford perdía el liderazgo apelaba al cambio.
Cuando Ford Falcon era el líder por años la misma marca
promovía no moverse de Ford. Un slogan contra el cambio era decir que Ford
Falcon era el Ford T del año 2000. Y eso lo decía un aviso de 1967.
Todos escuchamos o leímos que el FPV perdió porque Clarín
y los medios hegemónicos incidieron con la reiteración y convencieron a la
clase media de que Cristina y “todos los k eran chorros”.
También Perón y el mismo Trump afirmaron que ganaron
elecciones con todos los medios masivos en contra.
Es anecdótico que Zapatero ganó en España una elección
que tenía perdida cuando se produjo el atentado de Atocha y el pueblo le dio el
triunfo comunicándose por teléfonos celulares.
Estos ejemplos sirven para hacernos pensar (más que para
demostrarnos) acerca de las dificultades y necesidades para analizar un triunfo
o una derrota electoral.
No
son “globoludos” ni Macri es un “burro”.
El frente Cambiemos ganó por 900 mil votos y
especialmente el FPV perdió en la Provincia de Buenos Aires.
Después de 12 años y medio de un gobierno
peronista-progresista que puso especial énfasis en romper con las consignas
clásicas neoliberales, y sobre todo aumentando el porcentaje de riqueza hacia
el lado de los más necesitados, haciendo útiles esfuerzos por los derechos
civiles y sociales (matrimonio igualitario, entre otros), quedó en claro que la
batería poderosa del capitalismo consiguió simplemente que los valores de una
gran parte de la sociedad se inclinó hacia el consumismo, el egoísmo, el
individualismo.
Esa fue la batalla que ganó el macrismo.
La campaña de los valores neo-liberales-capitalistas.
En eso fracasó el gobierno kirchnerista. En generar
valores como la solidaridad, el Otro, el desarrollo industrial argentino, el
valor de las pequeñas empresas. Hizo cosas, pero lo comunicó mal.
No quiero agotar el tema en estas reflexiones.
Apenas invitar a quienes quieran, simplemente abandonar
la idea que la culpa es de quienes votaron a Macri o al menos cuestionar esa
idea y trabajar en la posibilidad que tenemos en generar los valores en los
cuales creemos, que son, justamente, los contrarios a los que la Sociedad creyó
cuando votaba a Macri.







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