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Una señora muy apolítica.


Entrevista modelo -
(Lugar Charcas y Coronel Díaz - día Lunes - Hora 12 horas - Café Victoria Cream)
Situación: señora tomando café cortado en jarrito y haciendo la Claringrilla, de Clarín, por supuesto).
Me acerco y respetuosamente le digo si puedo hacerle una entrevista para mi blog de facebook. Me mira y se sorprende. Me dice..."a mí, ¿una entrevista?". Me pregunta si no la confundí porque ella no es una persona importante. Le contesto que no, que la elegí al azar, porque quería conversar de política con alguien a quién no conociera.
Aceptó y me dijo, que si, pero que ella no era "política".
Yo tampoco soy político, le contesté: soy jubilado.
La primer respuesta me impactó de verdad:
"¿No me diga?...no parece jubilado. Parece como...profesor, o médico, o psicólogo".
Le agradecí y confirmé que si bien no sólo soy jubilado, pero lo soy.
La señora, de unos 70 años, quizás un poco más o un poco menos, dejó de lado el diario, que había tomado prestado del mostrador central de la confitería y espero en silencio que yo continuara.
No vi bien, pero me pareció que tenía un vestido marrón y un sweter del mismo color, pero de un marrón más claro. Tenía las manos manicuradas, y las uñas esmaltadas con un rojo fuerte.
Su pelo era color caoba, corto y bien arreglado.
Pedí un café, le pregunté si vivía en el barrio, si era casada, si tenía nietos, y un poco más de esas cosas.
A todas me contestó muy amablemente. Me dijo que era divorciada desde mucho tiempo atrás y que había tenido una "especie de segundo marido" pero que se había muerto porque era ya "muy viejito".
Un hijo vivía en l.os Estados Unidos, era químico y una hija estaba acá, en Buenos Aires y era bibliotecaria de una institución Holando-Argentina. Tenía tres nietos. Todos "ya grandes" me aclaró.
- La pregunta - corté yo la charla - es ¿por quién va a votar el domingo?.
No sé si se sorprendió. Creo que no, pero hizo como si se sorprendiera:
- El voto es secreto ¿no es así? - dijo mientras sonreía apenas.
- Si, es secreto...pero si uno quiere puede comentarlo con otra persona.
- Mire señor...yo no estoy obligada a votar, por la edad, ¿sabe?.
- Si lo sé. Pero no cree que pudiendo hacerlo, ya que por lo que veo usted está en condiciones de ir y votar.
- No me gusta la política. No me gusta ni la política ni la guerra.
- Coincidimos, acepté rapidamente...con lo de la guerra...agregué también sonriendo.
Ahora preguntó ella:
- ¿Y usted cuántos años tiene?
- setenta y cinco años, pero voy a cumplir 76 en octubre, el 24.
- ¿Y todavía tiene ganas de votar?
- A veces no, pero igual voto. Aunque para ser sincero, en las últimas elecciones, en el ballotage entre Lousteau y Rodríguez Larreta...no fui a votar.
- Vio?...usted entonces también es apolítico...
- No para nada...pero usted parece que sí...
- Mire yo creo que todos los políticos son iguales: roban. En lugar de ser honestos, buenos y trabajadores, son todos ladrones.
- ¿Macri le parece ladrón?
Baja la cabeza, se toma del mentón, pasa sus dos manos por el pelo y me mira a los ojos.
- No, la verdad, él no me parece ladrón. Es una persona de dinero, siempre tuvo dinero, educación, buenos modales, está casado con una hermosa señora y tiene una hija divina, chiquita, pero muy linda.
- ¿Y Cristina, que le parece?...
- No es lo mismo. Ella nació pobre con un padre que la abandonó, en La Plata, creo. Ella siempre fue ambiciosa. ¿vió cómo anda vestida?. Y él era feo, siempre pensando en el dinero. Se acuerda que decían que andaba siempre con un cuadernito y una bic anotando las cuentas de lo que se gastaba. Siempre pensando en la plata, en lo que ganaba...no, no me gustan, los que se mueren por la plata.
Reconozco que palabras más, palabras menos (no grababa ni tomaba notas) me impactaban porque si bien lo imaginaba cuando la elegí para hacer la entrevista, tuve que contenerme para seguir con mi rol de entrevistador ecuánime.
- ¿Entonces está contenta con Macri como presidente?
- No...ni contenta ni triste. Él es el que manda. Es ingeniero, el padre es un hombre de fortuna. ¿Qué podemos hacer nosotros?.
- No sé. ¿Usted cree que votar no es hacer algo?.
- No señor...para nada. Voto más, voto menos, Da lo mismo.
- Señora...¿a usted le preocupa que acá en nuestro barrio, cada vez hay más gente durmiendo en la calle?...Todas las noches, acá en la puerta de la tienda de Coronel Díaz y Güemes, duerme un viejito que ni caminar puede.
- Son linyeras...es decir, son personas que nunca han trabajado, que no supieron guardar una moneda ni siquiera tener una familia...
- Pero...Usted tiene nietos, ¿no le preocupa que vivan en un mundo con tanta desigualdad, tan cruel?.
- Mire...yo soy muy cristiana. Ayudo en mi iglesia. A mi no me sobra nada, pero tampoco me falta.
- ¿No tiene miedo de ir al infierno?...
- ¿QUE?!!!
Llamé al mozo. Le pague el cortado en jarrito a la señora y mi café. No escuché todo lo que me decía. Hasta pensé que iba a pedir que me sacaran a patadas de ese bar que me conocen bien. Me fui pensando si iba a contar esta experiencia en Facebook.
Tengo una conclusión política para todos los que llegaron hasta este punto del relato:
Hemos perdido la guerra cultural. Ni la batalla cultural. La guerra.
Los valores de esta sociedad están en el tobogán.
Como le dije hoy a una amiga docente, dramaturga muy preocupada por los asesinatos de las adolescentes y pidiendo una solución a gritos, que me iba a refugiar en El Malestar en la cultura de Freud y en El Hombre Unidimensional de Marcuse.
Para lo demás, queda poco tiempo.
Salute.

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